El Gernika Rugby Taldea regresó de tierras catalanas con una derrota que duele más por la sensación que por el resultado. El 32-22 ante el Sant Cugat Rugby Club reflejó un partido en el que los vizcaínos nunca terminaron de sentirse cómodos, incapaces de imponer su ritmo y siempre a remolque de un rival que supo manejar los tiempos con inteligencia.
Desde el inicio, el conjunto local marcó el compás. Sant Cugat apostó por un juego dinámico, con fases rápidas y buena ocupación del campo, obligando al Gernika a un desgaste constante. Los basurdes, por su parte, intentaron responder con su habitual fortaleza física, pero se vieron superados por la velocidad de circulación y la disciplina táctica de los catalanes.

Cada vez que el Gernika amagaba con meterse en el partido, el Sant Cugat encontraba la forma de golpear de nuevo, ya fuera aprovechando indisciplinas o explotando los espacios en defensa. La falta de control del “tempo” fue determinante: los de Busturialdea no lograron pausar cuando lo necesitaban ni acelerar con claridad en los momentos clave. El resultado fue un encuentro abierto, pero siempre inclinado hacia el lado local.
Aun así, el Gernika no bajó los brazos. Tiró de orgullo para mantenerse con opciones durante varios tramos, sumando puntos que evitaban la ruptura definitiva. Sin embargo, ese esfuerzo no fue suficiente para completar la remontada, y el pitido final certificó un viaje de vuelta con las manos vacías y muchas lecciones por asimilar.
Ahora, sin tiempo para lamentos, el foco se traslada a la próxima semana. El horizonte presenta una auténtica final ante el Valencia Rugby Club, un duelo decisivo para cerrar la temporada en lo más alto de la tabla. Será un partido en el que el Gernika deberá recuperar su identidad: imponer su ritmo, controlar las fases y minimizar errores.
La derrota en Sant Cugat deja claro el camino: ajustar detalles, reforzar la concentración y volver a ser ese equipo sólido que sabe dominar los partidos desde la estructura. Porque lo que viene ya no admite margen de error. Y el premio, terminar en lo más alto, bien merece una última batalla a todo o nada.